#TCB30

👋 ¡Hola!

Esta semana:

Sí, han pasado varios días desde el último boletín, entre otras razones porque estuve de cumpleaños, porque he estado concentrado en el trabajo, porque tuve pena por la muerte de Charles Bradley, porque también me costó escoger los discos.

En el programa de radio de la semana recién pasada me tomé la libertad de escoger mis canciones favoritas de mis discos favoritos del año. La selección la hice completa yo y quedé muy conforme con el resultado. Puedes escuchar el programa completo acá. Lo curioso, es que no hay mucho hiphop, que destaqué harto en otra nota para el sitio.

Esta semana: Comparto el nuevo disco de The War on Drugs. Como digo, jamás pensé que fuera a destacar un disco de TWOD. No porque no me guste, pero el disco está lleno de esas canciones pegotes que tienen el superpoder de quedarse contigo luego de haberlas escuchado dos veces. Prúebalo. El otro disco es No Time For Dreaming de Charles Bradley. Me dio mucha tristeza la muerte de Bradley anunciada hace algunas semanas atrás, y me obligué a escuchar de nuevo la música que nos dejó. En mi opinión, ese es el disco donde mejor se refleja lo que perdimos con su muerte.


The War on Drugs - A Deeper Understanding (Atlantic, 2017)

Hace un tiempo hice un experimento que me sirve para explicar mi conexión con esta banda. Aprovechando la visita de mi suegro -un confeso fan de Dire Straits-, hice un pequeño playlist de su gusto para amenizar la velada. Entremedio de unos Springsteen y Tom Petty puse dos o tres canciones de Lost in a Dream, el disco anterior de The War on Drugs. El efecto fue inmediato. No sólo levantó la cabeza cada vez que escuchaba un riff que le sonaba familiar, pero lejano y terminó por anotar en una servilleta el nombre de esta banda. Me hizo jurarle que no era nuevo material de Mark Knopfler o de los Simple Minds.

Sin mucha simpatía por esta regurgitación del rock progresivo, jamás pensé que terminaría escuchando tantas veces A Deeper Understanding. Al día de hoy, según mis cálculos, es el disco que más he escuchado en lo que va del año.

Asumo que no se trata solamente de una repentina inclinación a escuchar rasgueos eternos y baterías secas. Después de todo, el amigo Adam Granduciel -líder y, digámoslo, probablemente única autoridad en la banda- logró empaquetar el sonido de Springsteen, Eagles, Neil Young y Wilco en un puñado de canciones perfectas y artesanales. No es que se trate de un disco de baja fidelidad. Muy por el contrario: Granduciel se tomó su tiempo y los recursos de la multinacional que le distribuye el disco para escoger cada arreglo y darse ciertas libertades. Por ejemplo, la libertad de colar una canción de más de once minutos (la hermosa Thinking of a Place) y de obligarnos a escuchar Strangest Thing, una canción con un estribillo fantástico, consistente básicamente en un riff de una guitarra distante que se repite de cuando en cuando. Y hacer de ella una de las mejores canciones del año.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: Holding On
📻 Lo puedes escuchar completo aquí: Spotify | iTunes Music


Charles Bradley - No time for dreaming (Daptone Records, 2011)

Por increíble que parezca, Charles Bradley grabó su primer disco a los 62 años.

Lo anterior es una extrañeza en esta época donde la precocidad, la inmediatez y la velocidad son las fuerzas que parecen modelar la industria cultural; pero al mismo tiempo es un hecho biográfico que nos permite apreciar mejor a un artista cuyo éxito le llegó en un momento de su vida donde los apuros y la ansiedad de esta era moderna no fueron más que extravagancias.

Si bien la música jugó siempre un rol fundamental en su vida, nunca tuvo suficiente espacio para desarrollar eso que vio de la mano de su tía en uno de los míticos conciertos de James Brown en el Apollo. De niño, Bradley sufrió penurias que lo llevaron a vivir en la calle y que luego lo hicieron peregrinar a través de Estados Unidos jugando roles que poco tenían que ver con la afición que seguía esperando desarrollar aun cuando la vida parecía indicarle otros cauces.

Luego de trabajar como cocinero en un hospital psiquiátrico, y otra serie de trabajos olvidables, Bradley vuelve a vivir con su madre en Brooklyn y consigue trabajo como imitador de James Brown, haciéndose llamar Black Velvet. Luego de otras penurias, incluyendo su casi mortal reacción alérgica a la penicilina y la violenta muerte de su hermano, es descubierto por uno de los productores de Daptone Records, el sello discográfico neo-soul que ya había apoyado a Sharon Jones, quien queda flechado por la performance. El músico grabaría tres discos en total, conocería las giras y algo de fama.

Más allá del cliché en que se suele caer cuando se trata de músicos que explotan el soul, es muy difícil dejar de mencionar las maneras de Bradley en el escenario. Como si se tratara de un ejercicio que es imposible ensayar, cada actuación de Charles Bradley parece tener una conexión directa con los capítulos de su vida de los que parece querer huir. Viendo presentaciones en vivo del músico, no es extraño encontrarse con movimientos automáticos que parecen llevarlo a lugares incómodos. Como si cantando, compartiendo de alguna forma con el resto esas heridas, fuera la única manera de resolver esos nudos emocionales que nos atan con el pasado.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: The World (Is Going Up in Flames)
📻 Lo puedes escuchar completo aquí: Spotify | iTunes Music


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