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Hola a todos. Bienvenidos a la semana 11 del 2017, edición 5 de tcb.

Esta semana, voy a ir directo a la música. Antes, te quiero contar que estamos estrenando un formato nuevo en la radio que me tiene bien entusiasmado. Como siempre, puedes escuchar el programa cada martes y jueves por la noche, también puedes descargar el podcast o suscribirte directamente para recibir actualizaciones.

Gracias de nuevo a todos los que tanto en persona (te juro que me ha pasado) o por correo me hacen llegar comentarios respecto del newsletter.

Ojalá disfruten mis recomendaciones de esta semana tanto como disfruté la música mientras las escribía.


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Mikal Cronin – MKII (Merge, 2013)

Hay músicos que uno no sabe por qué la fama no los ha tocado más de cerca. Algunos se esfuerzan más que otros y otros, en algunos casos, derechamente avanzan con empeño en la dirección contraria del éxito y el reconocimiento. No tengo idea en qué lugar está Mikal Cronin, pero lo que sí sé es que ha hecho tres discos que me gustan mucho, todos titulados creativamente con números correlativos.

Cronin es bien conocido (por favor esto léanlo con beneficio de inventario) por sus colaboraciones con su compadre Ty Segall, que es un poco más famoso que Mikal, y que viene desde hace años haciendo discos llenos de sicodelia con sabor a San Francisco. Si bien los primeros esfuerzos solos de Mikal iban en esa misma dirección, ya con este disco (el primero editado por el exquisito sello Merge) se nota una voz propia y un sonido mucho menos saturado que el de su compadre y más amigo de melodías más amables y letras menos crípticas. Parte de la crítica lo ha emparentado con los Lemonheads o hasta Nirvana. Pero la verdad es que este es un disco de power pop: la parte pop la dan los arreglos y cuidada composición del disco, la parte power probablemente por el sonido agresivo de un par de canciones del disco, que hay que escuchar con cuidado a las letras y a que, en todas las canciones, es posible encontrarle una melodía que se te va a quedar un rato en la cabeza si le das la oportunidad.

A mi me pasa con los discos de Mikal Cronin (si te gustó, te recomiendo también el MCIII) que cuando decido escuchar uno, no dejar de escucharlos todos de corrido. Después de todo, toda su discografía se puede escuchar en menos de dos horas.

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The Modern Lovers – The Modern Lovers (Beserkley, 1976)

De puro escuchar la primera canción de este disco, la estupenda Roadrunner (que cuenta con versiones de los Sex Pistols y de mis queridísimos Yo la Tengo), uno se puede imaginar la inmensa obsesión que Jonathan Richman tuvo con la Velvet Underground y con los Stooges. Tanto así que Richman (que ya se imaginarán que es el líder y curioso cerebro detrás de esta banda), dejó Boston para instalarse en Nueva York y conocer a Lou y los suyos. Este disco, de hecho, no es un disco, sino que la versión producida por John Cale (sí, ¡el mismo del disco recomendado la semana pasada!) de una serie de demos que la banda había trabajado durante años. Es tanto así, que cuando el disco fue editado, la banda hacía rato que se había disuelto (el baterista David Robinson terminó en The Cars y el tecladista Jerry Harrison en los Talking Heads). Este disco fue el debut y despedida. Nunca más editaron discos como banda.

Lo segundo que me llama la atención de escuchar este disco es que no suena a nada parecido a lo que te puedes imaginar que sonaba en 1976. Es por eso que para una parte de la crítica este es un disco fundamental y es considerado proto-punk y en su sonido se adelanta no sólo al movimiento punk que estaba a punto de explotar, sino que también al New Wave (Blondie, Duran Duran, The Jam, etc) y, sobre todo, a buena parte de la primera camada del indie rock norteamericano (aló, Sebadoh?). Así no más.

Y, bueno, Jonathan Richman. Si uno se fija en las letras de las canciones, están llenas de humor, de referencias perdedoras, de observaciones cotidianas, que no conectaban necesariamente con el público de las bandas con las que giraron durante los setenta, como los New York Dolls. Richman nunca se toma tan en serio, en el fondo. Con los años, Richman siguió haciendo música con otros compinches, pero varias veces haciendo referencia a los “Modern Lovers”. Medio abandonó la cosa Velvet Underground para amistarse con la guitarra de palo y editar una infinidad de discos en solitario.

Ah, a propósito de humor, es precisamente Jonathan Richman el muchacho que toca la guitarra contando la historia de Mary, en Loco por Mary.

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