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Kill All Hippies

Después de mucho tiempo, volví a tener ganas de escribir en mi abandonado blog. Solo escribir blog me teletransporta a otra época. Suena raro, ¿no? Después de todo son fósiles superados por la ubicuidad de las redes sociales y apps en nuestros teléfonos, que nos comunican con otros más de lo que quisiéramos. Ya nadie tiene blogs. Hoy tenemos apps.

El ejercicio de enviarte este correo de vez en cuando también cabe dentro de esa misma idea. De poder comunicar una o dos ideas por escrito, de poder compartir aquellas cosas que nos gustan, hablar de lo que queremos, conversar de lo que nos emociona.

Hoy te recomiendo dos discos increíbles, separados por treinta y cuatro años. El primero, es de una banda de la que probable -y sí, inexplicablemente también- no has escuchado hablar. Son galeses, fue siempre muy difícil catalogarlos y tienen en su catálogo canciones inmensas, que se han ido perdiendo en la historia por los Lioneles Messi con los que les tocó compartir la escena musical británica a finales de los noventa. Hoy gente como Gruff Rhys, vocalista de los Furry Animals, sigue activo y en perfecto estado de forma. Acaba de sacar un disco muy bonito llamado Babelsberg que se coló en mis favoritos del año. Bah, olvidé compartir esa lista. Para la otra.

El segundo disco es de esos discos que primero deberías comprar al comenzar a armar tu colección de vinilos. Es una banda salvaje, extraña y al mismo tiempo sutil llamada Love, que logró con este disco, en mi opinión, la cúspide de la psicodelia de los sesenta. No es poca cosa.

Super Furry Animals – Rings Around the World (Epic, 2001)

Los Super Furry Animals son probablemente una de las bandas más subvaloradas de toda esa camada de bandas con las que fuimos bombardeados en los noventas. La prensa inglesa tenía material para entretenerse. Los cabeza de cartel, y favoritos de los diarios, eran Oasis y Blur; mientras en allá más al norte un grupo de entusiastas montaban una mezcla explosiva de acid house y guitarras robadas a Johhny Marr. Hacia el final de los noventa, todo hacía pensar -hasta en el fútbol- que la cosa era en Manchester. En Cardiff, por su parte, había un grupo de galeses pensando en algo completamente distinto.

¿Y qué salía de ahí? De partida, irreverencia. Sus primeros EPs (un dato: el primero se llama “Lianfairpwllgywgyllgoger Chwymdrobwlltysiliogoygoyocynygofod (In Space)”), sólo contenían letras en gaélico y abrazaron al mismo tiempo la sicodelia, el pop barroco, la electrónica, el glitch y el tecno. Lo que quieras. Absolutamente todo.

Pese a ser el primer disco distribuido por una multinacional, “Rings Around the World” no conceden ni un milímetro de libertad artística, como si se tratara de juguetear con el auditor. Por ejemplo, justo cuando alguien podría estar a punto de detener la tortura glitch de No Symphaty, te abrazan con ese impensado hit llamado Yuxtaposed With U. Los Furrys son así: incomprendidos, inusuales, excéntricos y genios.

Algunos dirán que este disco es más bien irregular. Y puede ser. ¿En qué consistirá exactamente un disco regular? ¿Cuál será la clave para dar golpear con certeza la piñata del éxito planetario? No serán los Furry Animals los que nos ayuden a contestar esta pregunta. Entre medio, nos cuelan canciones inmortales.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: It’s not the end of the world?

📻 Lo encuentras completo aquí: Youtube

Love – Forever Changes (1967)

La psicodelia tiene el nombre de una ciudad: San Francisco. Y la historia cuenta que a finales de los sesenta la banda sonora de la ciudad era interpretada por Jefferson Airplane o los soporíferos Grateful Dead. Pasarían varias cosas entremedio, pero lo que quedará para la posteridad son más bien los Doors pasando por caja y los pantalones apretados de Jim Morrison haciendo un truco de magia excepcional: hacerse el lindo al mismo tiempo de dominar el escenario sin expresión facial. También, al otro lado del Atlántico, Sgt. Peppers y también Pink Floyd. Después en los setenta esto mutará en lo que se va a denominar rock progresivo, pero esa es otra historia.

De todas las bandas que musicalizaban California a finales de los sesenta, la mejor, la más extraña, la más perversa, venía de Los Ángeles y se llamaba Love.

Probablemente debido al consumo excesivo de LCD de sus integrantes, la banda tuvo una mutación notable, pasando del rock acelerado propio de la época a lo que parieron en el año 1967: una mezcla extraordinaria y delicada de psicodelia pastoral, arreglos de cuerdas y vientos que parecen de otra galaxia y letras completamente delirantes. Al disco le llamaron Forever Changes.

A diferencia de lo que pasa mirando lo que pasa en un tubo de ensayo a través de un microscopio, determinar el paso preciso que hizo posible la existencia de una joya de la magnitud de Forever Changes es un acto insustancial, ridículo. Que un grupo de muchachos con desordenes de personalidad y exceso de drogas a su alcance pudieran trascender de la caótica escena de la psicodelia californiana con el nivel de belleza de este disco va más allá de lo meramente singular.

De las 11 canciones, hay 10 que son, por lo bajo, sobresalientes. Abre con la estupenda “Alone Again Or” (ojo con los nombres de las canciones) que con un midtempo preciso termina clavando en el coro unas cuerdas flamencas tan propias del guitarrista Bryan MacLean. MacLean, sin ir más lejos, tenía una particular fijación con el flamenco y por los musicales de Broadway. Del vocalista, Arthur Lee, que básicamente pasó la década entera en trance de LCD antes de irse preso, se decía que había matado a un roadie, entre otras fechorías menores.

El disco, como podrás ya suponer, vendió bastante menos de lo que nuestros amigos esperaban. Con el tiempo, claro, es considerado como uno de los discos más influyentes de la década. Para muchos, con este disco se cerró por fuera y con llave la psicodelia californiana llena de flores y buenas intenciones.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: The Red Telephone

📻 Lo encuentras completo aquí: Youtube