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Esta semana, te recomiendo un disco de los inclasificables y adorables XTC de que se me ocurrió escribir justo después de haber visto el documental llamado XTC: This is pop (trailer acá). De hecho, a propósito, me quedó dando vueltas la idea de escribir con un poco más de tiempo respecto del éxito, pero fundamentalmente de la derrota. De aquellas historias que inexplicablemente terminan en bandas olvidadas, con importancia oblicua en la Gran Historia de la Música. Desde hace un tiempo estoy obsesionado con esas historias y probablemente hayan pocas bandas que engloben mejor ese concepto que los británicos XTC. También te comparto el tercer disco de Massive Attack, Mezzanine. Se pueden decir cien mil cosas de este disco. Pero aparte del texto de abajo, te agrego: este año se cumplen 20 AÑOS desde que fue editado. Veinte. Yo todavía no lo puedo creer.

XTC – Drums and wires (1979)

Si nunca antes en tu vida habías escuchado de la banda XTC, no pasa nada. No te perdiste ningún hito fundamental del rock ni la piedra rosetta de donde sea posible traducir la fórmula del éxito. Lo que el googleador actual encontrase si se pusiera a buscar, probablemente sean muchas imágenes de pastillas de colores y una que otra foto de unos ingleses más bien desaliñados y un vocalista que mira fijo a la cámara en cada foto. Algo más o menos así era la banda XTC.

A finales de los setenta, XTC ya iba definiendo el sonido que los iría a caracterizar. Casi siempre liderados por Andy Partridge -ya me detendré en ese casi-, la banda comenzaría a arrancarse de los rieles por los que avanzaba ese sonido cada vez más domesticado llamado post-punk y a tratar de encontrar una voz propia, donde los demonios de Partridge y visiones llenas de dibujos animados -Andy nunca dejaría de dibujar, oficio que practica hasta hoy-, sicodelia y absurdo iban a ser las claves por donde debieran leerse sus dispersos esfuerzos creativos.

Justamente, fue en Drums and Wires cuando el liderazgo de Andy Partridge se triza con el inesperado éxito de Making Plans for Nigel. La canción, con la que se abre el disco, fue escrita por el bajista Colin Moulding ante los reclamos de Partridge por dedicarle tanto tiempo de estudio.

Luego de este disco -más bien luego de Making Plans for Niguel, para ser estricto-, la carrera de la banda pareció despegar para siempre. El disco se vendió bien y la banda comenzó a girar de manera frecuente. Presentaciones en televisión, fama, algo de dinero. Sexo, drogas y rock and roll, pensarás. Nada más lejos de la realidad. Claro, Partridge tuvo “problemas con las drogas”, pero su problema fue que no sabía que estaba adicto al valium desde los trece años (!) y tampoco sabía de los efectos que tendría dejar una adicción abruptamente.

No se me ocurre una historia mejor que esta para ilustrar la carrera de una banda que tendría, sí, un par de hits más, pero que no dejará de ser una banda de esas de culto, de las que nadie sabe mucho pero que terminaron siendo inmensamente influyentes.

Siempre me pregunto si habrá sido posible que Pablo Guyot y Willy Iturri hayan escuchado los primeros estribillos de Ten Feet Tall antes de escribir Ana.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: Making Plans for Nigel 📻 Lo puedes escuchar completo aquí: Spotify | iTunes Music

Massive Attack – Mezzanine

Era 1998 y, al menos para mi generación, eran tiempos desoladores. Saliendo hace poco del colegio y tropezándose con la vida y sus brutalidades, es un momento en que justo la música se materializa como un refugio. Como un espacio secreto, íntimo, como un animalito asustado que hay que cuidar para que no se espante. Justo en esa época, y como si me estuvieran enviando un paquete desde Bristol directo a La Florida, Massive Attack lanzó su tercer disco, al que le pusieron Mezzanine.

Cuando uno revisa críticas antiguas se encuentra con palabras más o menos parecidas a las que uno podría llegar cerrando los ojos y escuchando los primeros tracks del disco: claustrofobia y oscuridad. No es nada de curioso si te detienes un segundo y piensas en que estábamos cerca del cambio de milenio, esa época extraña en que tanto fanáticos religiosos como ingenieros computacionales nos amenazaban con el fin del mundo. O algo así.

Con Mezzanine, Massive Attack quiso sacudirse un poco del trip-hop que habían ayudado sin querer a fundar. Un poco aburridos con el término -tampoco a los vanguardistas músicos de los cincuenta en EEUU les gustaba el término jazz-, decidieron avanzar a terrenos un poco menos firmes que llevaría a unos de sus integrantes a dejar la agrupación justo luego del lanzamiento del disco. Poco más de ‘metales’ y la integración de guitarras fueron los ingredientes con los que los británicos quisieron romper el hechizo.

Lo curioso es que queriendo arrancar, terminaron firmando probablemente uno de los discos más puros que permiten entender el sonido de una época. Es como el caso de los enciclopedistas franceses: queriendo construir la catedral del pensamiento ilustrado, terminaron creando el documento fundamental para entender las prácticas de la Edad Media.

Un dato adicional. Probablemente la mejor canción del disco es Teardrop). Cuenta la historia que Liz Fraser -voz de los recién disueltos Cocteau Twins- grabó parte de las pistas que terminaron en la versión final el mismo día en que se enteró de la muerte de Jeff Buckley. Si uno se esfuerza un poquito, hasta es posible escuchar ese desgarro en la parte final de la canción.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: Teardrop 📻 Lo puedes escuchar completo aquí: Spotify | iTunes Music