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El otro día alguien me preguntaba que qué me importaba la cantidad de suscriptores que tuviera este newsletter. O qué me importaba cuántos me enviaran correos contándome acerca de los discos recomendados. Y mi respuesta era, básicamente, todo. No es que me interese que esto sea masivo y llegar a los miles, sino que me interesa en el sentido de ver vivo el alcance de esta entrega semanal y desinteresada. De hecho, le contaba a mi hijo ayer de la importancia de hacer cosas sólo por el propósito del gusto, por las ganas de hacerlo, sin esperar recompensas de ningún tipo. Y no fue fácil explicar, en un mundo teñído por las ganas de monetarizar, de hacer caja y de convertir cada pequeño esfuerzo en algo valioso. Mi explicación fue que simplemente hay cientos de cosas que hacemos cada día sin el objetivo de conseguir más platas en nuestras cuentas y, por cierto, sin esperar una inversión millonaria. Sólo porque sí. Si hay algo así como el amor, como dijo alguna vez Stephin Merrrit en una oscura canción, viene de ahí.

Archivos del newsletter. Un par de nuevos suscriptores (aquellos que llegaron de oídas y porque alguien se los recomendó 👋) me comentaban de la necesidad de acceder también al archivo de estos envíos, a los envíos anteriores que, en el fondo, no alcanzaron a leer. La respuesta es que está listo. Si entran a cancionesbuenas.com podrán ver el archivo completo hacia el final de la página. No es la forma más elegante, pero es lo que hay.

Gracias de nuevo a todos los que escribieron mensajes y sugerencias tanto por correo como por redes sociales. Sus comentarios son mega importantes para mi 🤳. Esta semana le quiero agradecer a R, I, C, G, F, MP, y O por sus bacanes mensajes durante la semana. Espero que esta selección les guste tanto como la anterior.

Stevie Wonder – Songs in the key of life (Tamla, 1976)

En el estupendo Lost in Music, Giles Smith postula a este disco como una piedra fundamental de su carrera musical. Esto no solo es importante porque el libro de Smith sea una maravilla, sino también porque nos da un pie forzado para hablar de nuestro disco favorito de Stevie Wonder. Con más de treinta discos editados de manera oficial (sin contar bootlegs ni compilados), no es una tarea fácil. De hecho, de buenas a primeras yo habría dicho Innvervisions o el más sui generis Talking book. Songs in the key of life es una aventura difícil y muy personal.

Corría 1975 y después de dos o tres batatazos al hilo en materia discográfica, Stevie anunciaba su salida de la industria. Aburrido de los tratos con intermediarios y los sellos discográficos, preparaba su ida a Ghana a concentrar sus esfuerzos en apoyar la labor de los niños discapacitados.

Luego de una larga negociación e idas y vueltas de sus abogados, al anunciar que pretendía seguir conectado con Motown, el músico indicaba que lo hacía, entre otras razones (el acuerdo por más de 37 millones de dólares de por medio algo habrá aportado) porque Motown era el último sello de propiedad de afroamericanos en la industria musical. Una apuesta radical y política.

El disco le tomó al menos 2 años terminarlo y tiene en sus créditos a más de cien músicos, entre ellos a Herbie Hancock. Si uno lo escucha con detención, puede ver como Stevie quiebra los límites de la música negra, explorando por partes iguales el pop, el funk y obviamente el soul, dándole una vuelta de tuerca radical.

Como no amar el entramado de I Wish donde en los primeros quince segundos de canción(y a punta de un bajo agresivo y, puta madre, tan funky) y cómo no querer la segunda parte del disco, con Ebony Star (un saludo para Elton John) y ese comienzo demoledor con Isn’t She Lovely.

Hacia el final del primer lado del disco aparece Pastime Paradise. Las nuevas generaciones la reconocerán por el evidente sampleo hecho por Coolio en 1995 y que lo llevaría a tener una fugaz fama global. En más de alguna entrevista el mismo Coolio explica cómo fue la historia: al final Wonder exigió eliminar cualquier obscenidad en la letra del rapeo y, bueno, el 95% de los royalties. Stevie siempre firme con sus valores más allá del hype.

Stevie Wonder hizo este disco apenas cumplido los 26 años y ya cumple un poco más de 40 años. Me cuesta pensar en Songs in the key of life como mi favorito de Stevie, pero es un disco excesivo, grandilocuente y lleno de espacios y rinconcitos listos para que los descubras. Una delicia. Si es tu primera vez escuchándolo, pagaría por ver tu cara luego de la primera escucha.

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The Feelies – In between (2016)

Los Feelies son una banda Después de tres semanas, es el primer disco editado en 2017 que recomiendo. Claro, el truco está en que es una banda cuyo debut tiene más de treinta y cinco años, por lo que uno podría imaginarse un disco que repite fórmulas y que no arriesga más de lo necesario para mantener a los fans a gusto, sabiendo del tipo de música que están por esperar. Pero para los Feelies la cosa no es así.

El estupendo debut de estos entonces chicos de New Jersey fue el estupendamente inquieto y, para los críticos, post-punk, Crazy Rithms, ese disco de portada celeste donde la banda se balancea en la plaza de juegos instalada por R.E.M. para hacer una mescolanza amistosa, cálida y reconocible propia de músicos un poquitín más viejos que sus contemporáneos de escena.

En 2011 lanzaron su primer disco en veinte años, donde Glenn Mercer partía diciendo “Is it too late to do it again?/Or should we wait another 10?” en una letra que si no es contextualizada con propiedad podría sonar como un poco pasado de punta. Claro, ya hablaba de refilón a mis queridos R.E.M., pero es imposible pensar en el sonido de los Feelies, y especial en este disco, sin pensar en la Velvet Underground. De hecho, en Only Life, el disco de 1988, derechamente incluyen una versión de What goes on y Mercer ha sido explícito respecto de la influencia de aquellos. Si uno lo piensa, cualquier disco de los Feelies puede servir como una introducción perfecta y más suave al sonido de la Velvet.

In Between es la vuelta de la banda, una vuelta esperada probablemente solo por los fans que deambulan por ahí, donde continúan haciendo lo que mejor saben hacer. De hecho, usualmente en la parte final de sus discos suelen incluir covers; esta vez deciden interpretarse a sí mismos: una versión menos cómoda, más saturada y sucia de la canción con la que abren el disco. Al menos para mi, es mi canción favorita.

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