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Primero, algunas disculpas. La semana pasada no logré hacerme el tiempo para enviar el newsletter, pese a mi promesa inicial. Entre cumpleaños infantiles, piyamas party y viajes urgentes fuera del país, no fue posible. No importa. Lo que importa es que no se acaba. Al menos no todavía 😉

Durante estos días estoy en Chicago. Pensé en seleccionar un par de discos de bandas de acá (incluyendo a mis queridos Wilco, por ejemplo), pero hay que arrancar del cliché. Combatirlo tanto como se pueda.

Esta semana: In Rainbows de Radiohead cumple 10 años. Fue hace 10 que discutíamos respecto del modelo de distribución donde cada uno pagaría lo que quisiera, que terminó con el disco distribuido mundialmente y con la banda llena de plata. Pero poco hablamos de música, me acuerdo. A veces pasa con este tipo de objetos que sus circunstancias los pasan a llevar, se los devoran. 10 años es una buena distancia para mirarlo de nuevo. El segundo disco es el último del británico James Blake, del que se ha hablado mucho. Al día después de haber salido algunos listillos lo ponían en la lista de lo mejor del año. Bajos profundos, una voz que se queda y una conexión improbable.

Radiohead – In Rainbows (XL, 2007)

Pasa algo curioso al revisar reseñas de discos hechas al fuego de la urgencia. Claro, era 2007: quizás éramos un poco más impresionables y todavía creíamos en que el avance de la tecnología era una fuerza liberadora. Este disco de Radiohead es clave porque, como siempre, da en el clavo para leer la ansiedad milenial y, mirando para atrás, también sirvió para hacernos pensar en modelos de negocio, en explotación de artistas y en los rincones de la internet.

Luego de terminar su contrato con Capitol al finalizar el extraño Hail to the Thief en 2003, la banda se tomó su tiempo. Entremedio Yorke trabajó en su proyecto solista, Greenwood hizo la banda sonora de There Will Be Blood y casi lo nominaron al Oscar y también tuvieron hijos. Cuando volvieron a trabajar en canciones, pareció que se hubieran escondidos entremedio de la críptica experimentación con cajas de ritmos de su disco anterior. La manera en la que salieron de allí fue volver a llamar a su productor de toda la vida, irse juntos a vivir al campo y conectarse de nuevo con, supongo, aquello que los hizo pensar en la idea de tener una banda. Y salió esto.

En su momento, y permítanme la siutiquería, a este disco se lo comieron sus circunstancias. En una jugada tildada al mismo tiempo por algunos de comercial y falsa y por otros de arriesgada, de un día para otro la banda anuncia que el disco está listo y que lo colgarían en internet, y que cada uno podría pagar lo que quisiera. Me acuerdo de haber esperado con la misma ansiedad que el disco saliera y poder escucharlo; y que el experimento se pusiera en práctica y analizarlo. De hecho, terminé escribiendo sobre eso.

Siempre vuelvo a In Rainbows, por razones siempre diferentes. Hace algunos días, aterricé en un video donde hablan extensamente de una de las canciones que más me gusta de este disco. La historia corta que explican en el video tiene que ver con que la banda rompe con el ritmo natural que sostiene la canción y que hace que en un par de presentaciones en vivo Thom Yorke no haya podido entrar a la canción -pese a ser, en la superficie, una simple balada-. Por razones desconocidas por mi hasta ver ese video, esta canción siempre la disfruté como si se tratara de una canción para bailar. Tal como le pasa a algunos miembros de la banda, que bailan la canción como si fuera tecno.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: Videotape
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James Blake – The Colour in Anything (Polydor, 2016)

Era una noche húmeda en Kinshasa y las ochenta mil personas que repletaban el estadio esa noche no estaban necesariamente esperando escuchar a Bill Withers. La atracción era, además de James Brown y BB King, obviamente, Mohammed Alí, quien minutos después noquearía a George Foreman en una de las peleas más importantes en la historia del boxeo. Pero de pronto Withers tomó la guitarra, agitó un poco las cuerdas e interpretó I Hope She’ll be Happier, colándose entre el silencio de la multitud que esperaba al ídolo.

No sé cómo habrá llegado el sonido de Withers a los oídos del joven James Blake. Hace algún tiempo el británico presentó en vivo una versión de la vieja canción de Withers, y decidió, años más tarde, que ese homenaje sería la entrada, un elemento central en Radio Silence, la primera canción de su disco The Colour in Anything.

Me gusta esta historia más que por la improbable conexión entre dos músicos de distinta época, contextos y origen, por lo que es posible deducir y explorar más allá de lo obvio. La referencia a Withers al menos a mi me dice mucho de la fragilidad que se esconde en el sonido de este disco de Blake pese a la producción que lo soporta. De la humanidad que se escapa entre las capas electrónicas. Al final, como en todos los discos de James Blake, llama la atención la producción pero nos quedamos con el sonido de su voz. Como si fuera un gran truco de magia, de esos que sabemos que son una ilusión, pero seguimos creyendo en ellos como si fueran un pasadizo a lo desconocido.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: Love me in whatever way
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