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Esta semana les recomiendo un disco de Brian Eno editado en 1974, cuando el bueno de Brian aún tenía algo de pelo y delineador en los ojos; y el segundo disco de un muchacho llamado Michael Kiwanuka cuya música me conmueve por razones difíciles de explicar. No tienen ninguna conexión entre sí, salvo hablan de amor, de dolor, de desbordes y también un poco de caos. Ojalá les gusten.

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Michael Kiwanuka – Love & Hate (Polydor, 2016)

La tenía difícil Kiwanuka. Su primer disco (Home again, 2012) caía bien parado comparado con la avalancha de discos retro soul que tanto gusta en las islas británicas. Encajonado en esta estética y sentado al lado de Black Joe Lewis, Mayer Hawthorne, o hasta Charles Bradley, era más o menos obvio esperar un disco que continuara explotando la nostalgia con un parche en el ojo y un garfio por mano derecha. O como gato de campo.

Quizás por eso mismo Kiwanuka se tomó cuatro años en editar su segundo disco, que llamó Love & Hate. Reclutó al tremendo Danger Mouse para que produjera el disco, y en lugar de insistir con el retro soul, le añadió unas percusiones más ricas y, cosa curiosa tratándose del mismo productor de 25 de Adele o El Camino de los Black Keys, le dio espacio y tranquilidad para abordar temas algo más densos que en su disco debut (violencia y racismo) con un sonido que al menos ya no parece sacado de un filtro de Instagram.

Adicionalmente ambos decidieron, como si se tratara de una declaración de principios, que la primera canción del disco (y single) durara casi diez minutos, una locura para su promoción. Cuando comentábamos de este disco en la radio, hablaba de la cantidad de -perdónenme la siutiquería- rincones que me entregaba el disco. Cada vez que lo escucho encuentro nuevas cosas que me gustan de la voz del músico británico. Cada vez que lo escucho encuentro canciones favoritas. Cada vez que lo escucho quiero volver a ponerlo.

Brian Eno – Here Come the Warm Jets (Editions EG, 1974)

Pocos músicos vigentes pueden comparar su currículum con el señor Eno. No sólo se le reconoce ser el principal precursor de lo que se conocería posteriormente como música ambient, sino que también ha construido una carrera consistente desde los setenta a la fecha con más de veinte discos a su haber. Puedo seguir. Fue miembro estable de Roxy Music en sus dos primeros discos (“Love is the drug“, debe estar en un puesto alto de mis canciones favoritas de todos los tiempos), entre 1977 y el 1979 escribió y colaboró de cerca con David Bowie en la famosa trilogía de Berlín (Low, Heroes y Lodger), entre 1978 y 1980 fue miembro de los Talking Heads, y cuando ya estaba sumergido en las profundidades de la música experimental, produjo Achtung Baby de U2 (1991), Laid de James (1993) y hasta a Coldplay. Entre medio, le encomendaron un trabajo en Microsoft y el resultado fue la famosa melodía de MS Windows 95.

En fin. Cosas pocas.

Entre ellas, que en 1973 produjo y grabó este disco debut llamado Here Comes the Warm Jets. Críticos lo han puesto en la mitad entre un disco “glam” (tomando sonidos de Marc Bolan y Bowie) y algo que podría denominarse “art-pop”. Y en parte porque tiene canciones que perfectamente podrían haber estado en alguno de los discos de los recién indicados (“Needles in the camel’s eye“, una joya glam para abrir el disco; la intensa “Baby’s on fire“, con la evidente guitarra de Robert Fripp relampagueando), en parte porque la inquietud de Brian Eno lo ha hecho esquivar toda su carrera las categorías que intentan encasillarlo.

Podría escribir mucho sobre Eno pero, de todos sus discos, yo pondría a My Life in the Bush of Ghosts (1981), y el Before and After Science (1977) un pasito más abajo de Here Come the Warm Jets. Por eso quería compartirlo.

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