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Hola a todos. Primero que todo, ¡so sorry! La promesa de este newsletter es ser enviado cada domingo y así recomendarles discos que escuchar durante la semana. Los últimos días de la que pasó fueron imposibles para mi. Recién llegué de vuelta de un viaje de trabajo esta mañana, y mientras escribo esta disculpa, estoy todavía un poco molido y con ligero jetlag que ya mañana pasará.

Gracias de nuevo a todos los que tanto en persona (te juro que me ha pasado) o por correo me hacen llegar comentarios respecto del newsletter.


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Sí, un disco de rock progresivo en este newsletter. Y no cualquiera, ah. In the court of the Crimson King es, para buena parte de la crítica especializada, el disco que inventó el género. Un género que dominaría la música durante la década siguiente y que para otro puñado de críticos llegaría a su punto máximo con el sobrevalorado (vengan de a uno) Dark Side of the Moon en 1973. Este estilo, además, le abriría la ventana a una tracalada de bandas pretenciosas y aburridas explorando fantasías medievales y celtas hasta perder la cabeza. Y también a un grupo de fanáticos que siguen con devoción al último superdotado técnicamente que utiliza su don para asuntos muy pocos relevantes.

En fin, podría seguir hablando de rock progresivo. Pero como sabiamente indica Ryan Gosling en La La Land (?), no tiene ningún sentido decir que uno ‘odia’ un género. De hecho, ¿como odiar el disco debut de King Crimson?

Probablemente el prejuicio hizo que quizás no le hayas dado bola a este disco editado hace más de 40 años. Bueno, la carátula tampoco es que digamos permita atraer a más fans. Pero yo llegué a él, como suele pasar con las cosas buenas, por casualidad.

Me acuerdo perfectamente del momento. Tenía unos trece o catorce años, en la mitad del camino en micro para encontrar a un pariente recién llegado de Chiloé, y de repente en la radio (cosa improbable) sonó el disco completo. 21st Century Schizoid Man era una locura completa que hizo que mi cabeza se abriera por completo y le diera espacio a música diferente a las basuras que preocupaban mi cabeza adolescente. Una mezcla febril de piruetas tomadas de Jimi Hendrix, harto free jazz, y una invitación a entrar en un túnel del que no salí jamás: que había una música que llevaba años esperando porque la descubriera y que encontrarla solo dependía de mi.

Hacía años que no volvía a escucharlo. Quizás porque todavía recuerdo el impacto brutal que este disco tendría en mi vida y cómo cambió mi forma de percibir la música para siempre. No saben cómo me saltó el corazón cuando me encontré de sorpresa con la portada de Barry Godber mientras cachureaba en una  disquería la semana pasada. Dale una oportunidad, ojalá con audífonos.

Escúchalo: Este disco no está en servicios de streaming por decisión de R. Fripp. Puedes escucharlo en un dudoso link en Daily Motion.

The Left Banke – Walk Away Renee / Pretty Ballerina (Smash records, 1967)

La historia de los Left Banke es una historia de un gran y lamentable fracaso. Todo comienza con el tecladista Michael Brown, que tenía formación clásica, fascinación por el sonido de los Zombies (seguro que hablaré de ellos en alguna próxima entrega) y un padre que podía jugar el rol de productor de su música. El resto de la banda era lo de menos, pero encontró en Steve Martin (nada que ver con el comediante) un timbre de voz dulce y delicado que jugaba a la perfección con el ejercicio de cuerdas y vientos que harían de la música de los Left Banke un objeto de culto y estudio en los años posteriores.

Pero el fracaso vendría de la mano con este disco. Inmediatamente luego de su edición, Michael Brown comenzó a trabajar en solitario en el próximo álbum, dejando a sus compañeros en solitario para hacer la gira que se exigía a todo disco con algún grado de éxito. Un poco emulando a Brian Wilson, que pasaba por un momento similar, aunque con la diferencia que el resto de la banda decidió seguir carrera sin él, dividiendo de manera incomprensible la banda en dos, incluso editando con el mismo nombre singles diferentes. El sello no se hizo mayor problema y decidió no apoyar a ninguno. Luego de esto, la carrera de Brown no despegaría nunca más, pese a que en un par de oportunidades volviera a juntarse la banda original, y a haberlo intentado durante décadas, trabajando como músico y productor.

Parte del fugaz éxito de la banda tuvo que ver con la complejidad de la producción de estudio. Pese a que los miembros de la banda eran los mismos que grababan en estudio (cosa rara en la época), era muy difícil reproducir el ambicioso sonido de la banda.

Para muchos este disco, cuyo nombre viene de los dos singles que se incluyen, inaugura el género del pop barroco. Es decir, este tipo de pop que bebe de lo que venían haciendo Paul McCartney en Eleanor Rigby, los Zombies y hasta los Troggs, para quitarle brutalidad al sonido y arreglarlo con violines, chelos y fantasía. Un disco que ha tenido influencia notable en lo que pasaría muchas décadas después, que incluso gente como Jens Lekman usaría un sample de I’ve Got Something on My Mind en ese pedazo de canción que es Black Cab.

Recuerdo que siempre pensé que sería el primer disco que compraría en vinilo. Así fue.

Escúchalo:Youtube

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