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it’s the time of the season for loving

Hace algunos años atrás me sorprendieron con una tornamesa para mi cumpleaños. Me había rehusado por años a abrir esa puerta, porque intuía que allí atrás había un camino sin retorno que me iba a llevar a descubrir la alta fidelidad, a no volver a escuchar nunca más mis cedés, y, más grave, a tener que escoger cuáles iban a ser los primeros vinilos que comprase.

Como seguramente también te pasó a ti, al final la historia de los primeros discos que uno compra está teñida de azar, de contextos y de razones que ya no vienen al caso. En mi caso, la barrera que me tocaba superar eran esas dos cajas de plástico compradas en la Feria del Disco de Ahumada un día de invierno de 1992, que contenían la compilación Past Masters 2 de los Beatles y el estupendo Achtung Baby! de U2.

Veinte años después, tenía las cosas todavía menos claras. Pero esta vez sí sabía que el extraño “Odessey and Oracle” de los Zombies tenía que tenerlo de alguna forma. Tenía que ser uno de los primeros. Estaba seguro que “Time of the Season” era una canción que estaba hecha para ser escuchada a través de una aguja amplificada.

Esta semana, te cuento un poco de ese disco. Y también del disco que, por alguna razón que no logré descifrar mientras escribía lo de abajo, más he escuchado en mi vida de una de mis bandas favoritas de todos los tiempos y que regaló uno de los tres recitales inolvidables que he presenciado: R.E.M.

The Zombies – Odessey and Oracle (1968)

Lo que me trae a hablarte de los Zombies hoy es que la historia de los Zombies es también la historia de uno de los discos fundamentales de los sesenta (cuyo nombre tiene una falta de ortografía horrenda), la historia de su fracaso comercial en Inglaterra y la de una serie de impostores que sí pasaron por caja en lugar de nuestros héroes.

Los Zombies son básicamente el proyecto del estupendo tecladista Rod Argent y la voz de Colin Blunstone. Habiendo ganado cierto éxito con el single “She’s not there”, rápidamente la máquina de la british invasion se los llevó a probar suerte a Estados Unidos, sin todavía tener un disco bajo el brazo. Mal que mal, “She’s not there” se había convertido en una de las canciones del verano. Luego de una serie de presentaciones en vivo lejos de las islas británicas, los Zombies grabaron un disco que mezclaba nuevas composiciones con covers, como se estilaba en la época. El escaso éxito del perezosamente titulado “Begin Here” no inhibió a nuestros muchachos a seguir trabajando entre 1965 y 1966 en nuevas canciones, muchas de las cuales no verían la luz del sol sino hasta décadas después.

Así fue como terminaron grabando medio apurados “Odessey and Oracle” teniendo la banda total libertad creativa luego de la sucesión de fracasos en búsqueda del hit perdido. Odessey sería el capítulo final de una banda ya cansada de intentarlo todo. Tanto así que la banda, como tal, no existirá cuando el disco llegó a las disquerías, ya sin dinero en el bolsillo para seguir solventando la aventura musical.

De hecho, pasaron dos años luego de la separación de la banda y un par de singles fallidos para que, en el último intento para lograr algo de réditos comerciales, el sello norteamericano Date Records decide enviar Time of the Season a las radios, el que por fin recibe la atención que los Zombies merecían. Éxito total.

Era finales de los sesenta, se trataba de una pequeña banda británica y había que capitalizar rápidamente el éxito radial. Y, bueno, el vocalista estaba ya se encontraba en otra cosa, trabajando en una empresa de seguros. Así fue como comienza la extraña historia del éxito de los Zombies en Estados Unidos, que durante 1969 tuvo a dos (!) bandas de impostores haciendo gira por el país haciéndose pasar por los británicos y capitalizando los ecos de la invasión British. La historia (que no tiene desperdicios y se cuenta en extensión acá) tiene ribetes aun más psicodélicos al incluir, entre los impostores, a los señores Dusty Hill y Frank Beard, a quien de nombre seguramente no ubicas, pero si te digo ZZ Top podría apostar que sí.

Por recambolesca que parezca la historia, no opaca a “Odessey and Oracle”, esta fotografía maravillosa de pop barroco psicodélico que nos trajeron los Zombies y que podemos poner sin sonrojarnos al lado de Pet Sounds, Sgt. Pepper’s o el debut de Pink Floyd. No es poca cosa.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: I Want Her She Wants Me

📻 Lo encuentras completo aquí: Spotify, iTunes, Youtube

R.E.M. – Monster (Warner, 1994)

Era mediados de 1994 y la banda venía de hacer “Automatic for the People” (1992), probablemente el mejor disco que la banda haría nunca. Habían salido de la burbuja del indie rock universitario a finales de los ochenta con “Green” (del que vendieron tantas copias que es súper común encontrarse con vinilos de la época a precios de risa) y, fundamentalmente, con el batatazo de “Out of Time” (1991). Luego de eso, “Automatic for the People”, esa oscura preciosura experimental donde volcaron todas las preguntas que llegan con la adultez y, en este caso, la fama. ¿Qué hacer después de todo eso? ¿Cómo recomponerse y armar algo nuevo?

Un disco que no le gusta a nadie, obviamente.

El disco abre con un golpe al mentón para quienes esperaban otro Losing my Religion o un Everybody Hurts. What’s the Frequency, Kenneth? es la entrada a punta de un guitarreo glam a un disco donde Michael Stipe intenta lidiar con el éxito, la fama y la prensa. Luego de varios años sin presentarse en vivo -pese al éxito planetario-, “Monster” es una apuesta a salir de la introspección y volver a conectar con lo que la banda quiere hacer luego del éxito. Después de todo, era 1994 el grunge era una fuerza todopoderosa, Stipe y sus consortes pasaban recién la treintena, época en la que empezamos a respondernos preguntas un poco más en serio. Era 1994 y todavía se dividían las aguas entre los fans de R.E.M. de los años del college rock y los fans ocasionales que se enamoraron de la banda por los hermosos videoclips que rotaban en MTV.

Mientras escribo esto vuelvo a escuchar el disco. Me golpea el comienzo, las guitarras a lo T-Rex me parecen perfectas en Crush with Eyeliner, me encanta la distorsión de ese mensaje de despedida a Curt Cobain que es Let me in y termino poniendo varias veces en repeat Strange Currencies.

Pienso en esta extraña época en la que vivimos. Pienso si la letra de esta canción pasa el exigente test de nuestra actual corrección política. Al mismo tiempo, corro a escucharla con mi mujer mientras la tomo de la mano y le digo que que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que estemos juntos.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: Strange Currencies

📻 Lo encuentras completo aquí: Spotify, iTunes, Youtube

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