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De repente, los discos que amamos cuando éramos jóvenes están de aniversario. No nos dimos cuenta cuando nuestros discos favoritos, esos que todavía escuchamos cuando necesitamos un abrazo o el calor de lo conocido, se celebran con ediciones nuevas, con reimpresiones, con booklets a todo color. Para que las generaciones nuevas, aquellas que no escucharon el disco cuando lo necesitaban, que encuentran ese calor en lugares diferentes, puedan conectarse con esas viejas glorias. Esas viejas cosas que cumplen recién 15, 20, 25 años.

Conversar y hablar de música es, al menos para mi, uno de esos espacios donde siempre hay calorcito. Esas esquinas a las que volvemos una y otra vez, esas vueltas que convertimos en ritos. Se me ocurre que de tanto escribir, de tanto darle vueltas, de tanto recordar, hay cosas que se transforman en ciertas. En algún territorio, al menos, se convierten en verdades.

The Postal Service – Give up (Subpop, 2003)

El mito cuenta que este disco se hizo a distancia. Así como no funciona en el amor, este disco pareciera tratar de llevar la contra: sí funciona en la música. Ben Gibbard, entonces regordete vocalista de Death Cab For Cutie y Jimmy Tamborello, un productor electrónico pionero en glitch y la electrónica experimental. Mientras lo de Gibbard siempre fueron las melodías bien pop y la voz y pinta que se agarraban de las últimas hilachas del indie rock universitario, las aguas de Tamborello escurrían por cauces diferentes. Algunos definían el trabajo de DNTEL, el alias de nuestro Jimmy, como ‘Enocore’, jugando con la cercanía de su música con la búsqueda ambiental de Brian Eno.

En estos días, el disco cumple 15 años desde su aparición. Digo esto no sólo como un ejercicio de nostalgia. Después de todo, no es la primera ni será la última vez que un grupo de músicos decidan llevar adelante un proyecto colectivo. Pero en 2002 no había Dropbox ni Google Drive para poder facilitar las cosas. De hecho, de ahí el nombre de la banda: usaron el correo postal gringo para mandarse caséts con las voces, de ida, y de los arreglos, de vuelta.

El resultado de esta colaboración fue Give Up, nada de mal para un proyecto paralelo, sin mucha ambición y que terminó enterrando para siempre la indietrónica, convirtió a Gibbard en una estrella que escribe canciones para series de TV y se convirtió, de pasada, en uno de los dos discos del sello SubPop que han vendido más de un millón de copias. ¿El otro? El de unos tal Nirvana.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: We Will Become Silhouettes 📻 Lo encuentras completo aquí: Spotify | iTunes Music

Tunng – …And Then We Saw Land (Thrill Jockey, 2010)

Hubo un tiempo en que todos estábamos de acuerdo en que existía algo llamado folktrónica. Fue esa la manera en la que los críticos modernos de la época se aproximaron a los primeros zambullidos de productores electrónicos a aguas tradicionales. En este caso, a las más tradicionales, a las del folk.

Tunng pasaba por momentos tormentosos. ¿Cómo superar crisis creativas serias y la partida del principal compositor y letrista? A la distancia, pareciera ser que al apuesta por el colectivo (no es casual que en este disco pareciera haber espacio para todos, en especial para la dulce voz de Becky Jacobs) y por profundizar todavía más los caminos que les abría la experimentación electrónica dio un resultado rotundo a las preguntas. Sin siquiera tener contexto, este disco funciona bastante bien. Recoge con un guante la tradición pastoral y la convierte en un canto colectivo lleno de recovecos y caminos todavía por recorrer.

La nota personal es que en realidad la discografía entera de Tunng, aunque en particular este disco, me lleva a un espacio pequeño y privado donde el frío y la lluvia están allá afuera, mientras las armonías, los coros y el banjo me arropan con cariño.

🎧 Si solo tienes tiempo para una canción: Santiago 📻 Lo encuentras completo aquí: Google/Youtube. Sorry, no está en Spotify ni en iTunes.

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