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Spotify. No sé cómo lo haces tú (cosa curiosa que no lo sepa, ahora que lo pienso, dado que me dedico a enviarte música con links a plataformas de streaming!), pero la forma en que escucho música sigue estando vinculada a mi colección digital que he ido recolectando con el tiempo, una suscripción de iTunes Music y, bueno, los discos que colecciono y que escucho con atención cuando estoy en el living de mi casa. Usé durante mucho tiempo Rdio y dejé de usar Spotify porque siempre me pareció parecido a cambiarse de ropa con la ventana abierta esto de publicar cada cosa a la que le das play. Quizás me pasa solo a mi, pero en lugar de generar una relación de cercanía (después de todo es parecido a lo que hacía -hace- Last.fm), a mi me genera distancia. A veces simplemente no quiero compartir lo que estoy haciendo. En fin, todo esto para decir que es probable que vuelva a abrir una cuenta de Spotify, esta vez para compartir a través de playlists los discos que recomiendo todas las semanas. Fue una idea que me dio i el fin de semana y que me pareció buena. Capaz que lo haga. 

En la edición de hoy. En el newsletter de hoy, comparto dos discos. Uno es de Spiritualized y tiene uno de los mejores títulos de discos de los últimos años y se llama Ladies and Gentlemen we are Floating in Space. Es un disco que me gusta mucho porque es de esos que te impiden poder hacer otra cosa más que escucharlo, y porque a veces de la pena y el dolor salen cosas hermosas. El segundo se llama Grace y es el único disco oficial que editó el músico Jeff Buckley. Luego murió en trágicas circunstancias, el disco se transformó en su legado, y de pasado lo convirtió en leyenda. Hoy lunes se cumplen 20 años de su muerte.

De nuevo muchas gracias por mantenerte suscrito o suscrita y ojalá te guste la selección de esta semana. Que tengas una buena semana ✊

Spiritualized – Ladies and Gentlemen we are floating in Space (Dedicated, 1997)

No deja pasar ni siquiera una canción el amigo Jason Pierce (el genio detrás de Spiritualized y también conocido como Jason Spaceman) para repetir como un poseso “All I want in life’s a little bit of love to take the pain away”. Que todo lo que necesita en la vida es un poco de amor para que el dolor se vaya. Auch.

Ladies and Gentlemen pertenece a ese conjunto de discos que se hacen para curar heridas, para resolver los acertijos del amor. En el caso de Pierce esas heridas involucraron a Kate Radley, quien no sólo era su novia de entonces, sino también tecladista de Spiritualized. Luego de dejarlo, de manera secreta doña Kate termina casándose con el insufrible Richard Ashcroft (¿te suena el nombre? seguro te suena porque el muchacho cantaba esta), pareja que luego tendría hijos y vivirían felices algunos años, mientras Pierce se sumergía en los pasillos de su locura y, en el caso del disco que nos convoca, también de mezclas gloriosas de drogas, amor, gospel y drone, jazz y fina sicodelia.

Como nota curiosa -o quizás no tanto- es que las primeras ediciones de este disco en formato CD venían empaquetadas tal como si se tratara de una medicina, de esas que uno compra en la farmacia. De hecho, los discos salían de envoltorios que recuerdan esos envases plásticos con fino papel aluminio en la parte de atrás. Para sacar con placer las pastillas que necesitas. Más allá de la curiosidad, para un sector de la crítica este es un disco fundamental de los dosmiles. No sólo por la fotografía de un terrible momento personal, sino porque de pasada también es un disco que encapsula toda una época: post rave, post noventas y el abuso de drogas. 

Como decía un poco más arriba este es un disco súper diverso, que sobrevuela distintos estilos musicales y que, aunque uno quisiera ponerse a hacer otra cosa mientras lo escucha, pareciera que el amigo Pierce a punta de riffs lo trae de las mechas a uno de vuelta. Pero además es un disco que ha envejecido bastante bien. Simplemente piensen que el mismo año que este disco fue publicado, estaba en las estanterías de la Feria del Disco Parklife de Blur, Be Here Now de Oasis y Urban Hymns de The Verve. Uuups, perdón por esa última, Jason 🙊

Escúchalo: Spotify | iTunes Music

Jeff Buckley – Grace (Columbia, 1994)

Este disco es de 1994. Un año en que también Beck editó Mellow Gold, en que Portishead salía de Bristol con la bandera al tope con Dummy, y en que Oasis editaba un disco con once canciones perfectas llamado Definitely Maybe. Para los que se acuerdan, recordarán que en 1994 escuchábamos además grunge todo el santo día. 

La literatura existente relativa a Buckley indica que la humildad y la buena onda no era un elemento particularmente importante en su personalidad. La confianza en sus recursos es bien evidente no sólo en los arreglos, sino también en su característica forma de cantar, que se emparenta más con Edit Piaf (de quien era fan confeso) que con sus colegas del ranking Billboard. A mi siempre me ha parecido que se parece mucho a la forma de cantar de Robert Plant. De hecho, es difícil quedar indiferente con la manera en la que canta, pero su voz parece acomodarse con tranquilidad entre el canto con tono religioso (“Corpus Christi Carol“), los himnos de rock noventerísimos de “Eternal Life” o “Grace“, y la sutileza de hacer la versión definitiva -hasta ahora no hay una mejor versión, en mi modesta opinión- de “Hallelujah” de Leonard Cohen.

La joya de la corona es, en mi opinión también, “Lover, You Should’ve Come Over“, una rarísima canción de amor con una melodía melancólica que va creciendo con el pasar de los minutos. Me gusta que Buckley se toma el tiempo que quiere en hacer crecer sus canciones, sin apuro, sin velocidad. Si son siete minutos, pues que sean siete. 

Buckley murió hace exactamente veinte años un día como hoy en Memphis. Decidió lanzarse al río a nadar (con botas, señaló el parte médico posterior) mientras cantaba una canción de Led Zepellin. Su rastro se perdió y su cuerpo apareció algunos días después, sin rastros de alcohol ni drogas. 

Escúchalo: Spotify | iTunes Music

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