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The Radio Dept. Ayer (sí, escribo esto el lunes, segundos antes de enviarte este newsletter con algo de atraso) pude ver de nuevo a The Radio Dept, esta vez en lugar más pequeño, con menos de cien personas alrededor, según mi cálculo apresurado y al ojo. Mientras caminaba de vuelta pensaba en que hay muy pocas bandas que se conectan conmigo de manera más directa que los suecos. Justo después de escribirlo, me cuesta explicar qué quiero decir exactamente con esto de conectarse directamente. Quizás tiene que ver con que hay música que te llega más hondo que otras, o que con un par de melodías logran perforar todas tus defensas. O quizás porque el mundo es un poco así: un poco triste, pero con episodios de belleza en todos lados, en rincones, en los costados, en la periferia. Un poco melancólico más que triste, de esa que igual te dan ganas de bailar, y bailando transformas eso en alegría, en un alegría nada triste y nada falsa.

En la edición de hoy. Esta semana les comparto dos discos del 2015 y, curiosamente, dos discos de músicos que fueron atropellados algunos meses antes o después de haber editado los discos. Una mera casualidad. El de Deerhunter se llama Fading Frontier y es probablemente mi disco favorito del proyecto de Bradford Cox. Si te gustó, es un pop extraño pero curiosamente amistoso para el oido, te recomiendo revisar cosas que ha editado como Atlas Sound (que vendría a ser el proyecto solista de Cox). Y también les comparto Goon, del canadiense Tobias Jesso Jr., quien tiene una historia que contar y un disco debut lleno de referencias del mejor pop sesentero con base en piano. Si no lo has escuchado, podría apostar que te va a gustar. Si no te gusta, me mandas un email 😉

Invitados. La semana pasada la selección fue hecha por Cristian Araya. Le he pedido a otros amigos que se suban al carro y compartan dos discos significativos para sus propias historias. Y he recibido varios. Así que pronto sorpresas 🎊

De nuevo muchas gracias por mantenerte suscrito o suscrita y ojalá te guste la selección de esta semana. Que tengas una buena semana ✊

Deerhunter – Fading frontier (4AD, 2015)

El disco anterior de Bradford Cox (el muchacho detrás de Deerhunter) era mal genio y cascarrabias. Más encima, justo después fue atropellado por un auto, lo que lo tuvo hospitalizado algunos días. Así, las expectativas de su disco nuevo no auguraban muy luminosas. Error.

Por ejemplo, en entrevistas Cox describió este disco como “el “primer día de primavera, cuando sales y todo el mundo es feliz y se sienta en los escalones de sus casas y pasea con sus perros y se saludan los unos a los otros”. I’m living my life, repite como mantra Cox en una de las canciones del disco, que temáticamente parece estar obsesionado con la idea de la muerte, o de la mortalidad. De la trascendencia y de las relaciones personales que nos rodean.

A diferencia de otros discos del mismo proyecto, este es un disco más clásico en el sentido de la composición. Es un disco muy accesible -quizás el más accesible de la discografía de Deerhunter- y para una crítica que leía en su momento (que justo no recuerdo ahora para enlazar) es un disco que puede ir derechito a las estanterías del indie rock más clásico, que lo emparenta con trabajos de R.E.M, Tom Petty y otros miembros del Olimpo clásico. No es casualidad que este sea el primer trabajo de Cox que le ha gustado a su padre. O que al menos lo ha entendido.

Tobias Jesso Jr. – Goon (True Panther Sounds, 2015)

Este disco es hermoso. Pero primero un poco de contexto. A mediados de los dosmiles, Tobias decide dejar su natal Vancouver para acompañar parte de su banda a Los Angeles y, de pasada, estar con su novia quien estaba tratando de conseguir ser una estrella del pop. Las cosas, digámoslo así, no salieron como esperaba Tobias. No sólo su carrera jamás despegó en LA, su novia lo abandonó en mitad del proceso y, como si fuera poco, fue atropellado por un auto mientras iba en bicicleta, que lo dejó con heridas en su brazo derecho y, de pasada, le robaron la bici. Al otro día, mientras seguramente la gente quería saber de su salud, se entera que su madre es diagnosticada de cáncer.

Después de un par de años de intentarlo en LA, decide dejar la música, dejar sus instrumentos en una bodega, y volver a Vancouver.

La historia dice (al menos la que cuenta él) que ya de vuelta en casa se sienta frente al piano y escribe “Just a Dream“. Lo sube a redes sociales esperando compartirla con amigos y la canción empieza a circular. Recibe buenos comentarios (después de todo es una linda y rara canción ¿de cuna? conectada con el apocalipsis) y se pone en contacto con Chet White, ex Girls (ay, ya hablaré de esta banda acá), quien acepta producir más canciones. Se le suman el productor de los Black Keys y otro que incluso había trabajado con Kylie Minogue. Toman los demos que caseros de Jesso y lo empiezan a transformar en un disco. Después de eso la historia es conocida. A principios del 2015 Adele (!!) tuitea un enlace a “How Could you Babe” y Tobias termina cantando en el show de Jimmy Fallon el día antes que el disco saliera a la venta. Una historia de sueños.

El sonido final tiene mucho de Harry Nilsson, de Lennon, de Randy Newman. Es puro pop sesentas-setentas  El resultado es un disco que me gusta mucho porque habla de fracasos y, cómo no, también de redención. Ya todos nos gustan los finales felices.

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