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Cada vez que viajo, sobre todo cuando se trata de un viaje de trabajo, termino pensando en -entre otras cosas, por cierto- en la música que escucho en el camino. Desde hace varios meses que ya no uso el teléfono para almacenar música y estoy usando un aparato sin conexión a internet. De vieja escuela. Lo que significa que, como si se tratara de plásticos que echar en un bolso, tengo que hacer la selección de discos que voy a copiar a esa fría tarjeta SD. Tengo una selección de discos que me ayudan a dormir mejor, otros a preparar la salida del avión y enfrentar a la policía internacional con energía. Como sea, quizás algún día te comparto algo de esto.

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Esta semana recomiendo un disco de Sparklehorse llamado It’s a Wonderful Life. Es un disco triste, melancólico y, como dicen los siúticos, otoñal, que muestra el estado creativo del querido Mark Linkous en estado de gracia. Sin ninguna duda es mi disco favorito, pese a que alguna de mis canciones favoritas del muchacho estén repartidas en otros discos, como Sick of Goodbyes (por dios, qué canción) o Sunshine. También recomiendo el disco fundamental de Yo La Tengo llamado I Can Hear the Heart Beating as One. Es el octavo disco del trío y, si tuviera que llevarme sólo 10 discos a una isla desierta, este seguro es uno de ellos.

De nuevo muchas gracias por mantenerte suscrito o suscrita y ojalá te guste la selección de esta semana. Que tengas una buena semana ✊



Si te gustó alguno de estos discos, si fue primera vez que los escuchaste, o si algo que escribí te quedó dando vueltas, escríbeme un mail a cancionesbuenas@riseup.net. Prometo responderte 💌

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Sparklehorse – It’s a Wonderful Life (Capitol/EMI, 2001)

Como si se tratase de un chiste cruel y oscuro, un mes antes de la caída de las torres gemelas, Mark Linkous (también conocido como Sparklehorse) publicó un disco llamado “It’s a Wonderful Life”. Linkous, quien ya contaba con una extensa relación de dependencia a estupefacientes y heroína que había dejado para grabar el disco, no lo tomó de la mejor manera, recayendo en el maligno espiral de la depresión y la recaída.

Buena parte de la carrera de Sparklehorse estuvo marcada por la precariedad. Y no porque se tratase de un artista con particulares requerimientos especiales (como su protegido Daniel Johnston, sin ir más lejos), sino porque sus discos fueron grabados casi siempre en un estudios caseros y porque las letras, casi en su totalidad, rebosan un surrealismo difícil de descifrar. El mismo Linkous la tenía difícil con lidiar con un relativo éxito que lo hizo irse de gira con gente como R.E.M.

En este disco (el tercero de su truncada carrera) se pensó, de alguna manera, como un golpe de timón. Tuvo claramente más producción que los anteriores, y el trabajo del entonces ubicuo productor Dave Friedman (sí, el mismo del Hate de The Delgados que recomendé la semana pasada) sirvió para que el sonido de la banda sonara más accesible que los primeros. Y no sólo eso. Este disco cuenta con las hermosas colaboraciones de Nina Persson (la vocalista de The Cardigans) y de la mismísima PJ Harvey. También participa en el disco, en uno de los puntos bajos del disco, digámoslo, Tom Waits.

“It’s a Wonderful Life” se escucha de manera diferente en su contexto. Es un disco triste, extraño (Linkous se caracterizaba por tratar de darles vida a extraños y viejos instrumentos) y algo oscuro. Pero no en el sentido de que sea un pantano de experimentación, sino al revés: a veces esos pensamientos y reflexiones pueden esconderse en melodías accesibles y que se te quedan en la cabeza para siempre.

Yo La Tengo – I can hear the heart beating as one (Matador, 1997)

Melodic noise pop. Esa es la manera extraña y algo confusa con el que alguna parte de la crítica ha encasillado la música de Yo La Tengo. Y como suele pasar también con la realidad, a veces en la confusión y el caos sale algo de verdad. No se me ocurre otra mejor forma de condensar en tres palabras como suena una de mis bandas favoritas de todos los tiempos.

Para muchos este disco condensa buena parte de la carrera del trío de Hoboken. Y es cierto, en un poco más de una hora, el ambicioso disco explora música liviana y radio-friendly, covers de Beach Boys, canciones hermosas cantadas por el bajista, canciones hermosas cantadas por la baterista, canciones hermosas cantadas por Ira Kaplan y, tal vez una de las mejores canciones de la banda, que es cantada por todos.

Me gusta este disco por tantas razones. Pero para no aburrir, me quedo con una: porque es un disco para escuchar tranquilo, sin estar haciendo otras cosas, sin mirar email. Es, de alguna forma, un disco perfecto para escuchar en vinilo: darle tiempo, darle atención y dejar que la banda te hechice es parte de la gracia en una época en que nos tienen convencidos de escuchar canciones sueltas y playlists y donde los discos no tienen cabida. Este disco de Yo La Tengo cumple este año 20 desde que fue editado y es hermoso, excesivo y brillante.

Déjame decirlo de otra forma para explicar mejor por qué este es uno de mis discos fundamentales. Si la vida fuera un simulacro de terremoto, la música de Yo La Tengo es mi zona de seguridad.